Telde: Los pecadores de La Mareta
Hay cosas que no se entienden, entre ellas el archivo de La Mareta y la entrevista que se le hace al fiscal a Javier Ródenas, donde denuncia el poco castigo que se le da al tráfico de influencias, casualmente días después de pedir el el archivo de la Mareta que pide el propio fiscal hace unos días.
El fiscal Ródenas, es uno de los fiscales con mejor trayectoria en la carrera, su prestigio es intachable pero en este caso si se me permite, no tendría ni derecho a opinar sobre el archivo de las actuaciones del pelotazo de La Mareta porque no ha participado en todo el procedimiento de instrucción. El fiscal, a lo mejor no ha tenido tiempo de leerse el sumario entero que por lo que tengo entendido son muchos tomos, pero es que el fiscal no ha realizado ninguna diligencia, no ha presentado ninguna prueba, no ha asistido ni tan siquiera a ninguna declaración. Y todo ello son motivos suficientes como para pedir explicaciones porqué a la fiscalía no le interesa este interesante pelotazo que supuestamente se cometió con los terrenos de La Mareta.
El archivo de La Mareta supongo que sentará unos precedentes más que peligrosos, ya que a partir de ahora supongo también que los empresarios podrán enviarse faxes con los políticos sobre el pliego de condiciones antes del concurso. A partir de ahora debemos suponer que no pasa nada por amañar un concurso, porque Dios ve con buenos ojos que se vendan los terrenos de La Mareta a 60 euros el metro cuadrado siempre que algún cristiano gane un dinerillo. Al final, aunque se hable de amañar un concurso, de obtener 20 mil millones de pesetas, de falsear un expediente, de traficar con información privilegiada, todo esto tiene un común denominador: vender impunemente los terrenos de La Mareta a 60 euros el metro cuadrado. Porque no nos engañemos, todo esto de La Mareta va de dinero e impunidad, porque en el apogeo del malvado imperio, la impunidad era como su bandera, a la que no había que airear y ni tan siquiera limpiar, porque no hacía falta, porque allí se hacía y deshacía en función del ardor genital del jefe de la parroquia Aureliano Santiago.
Es difícil sanar esta situación, porque el alcalde y su tropa no van a cambiar de conciencia ni de hábitos. Así que supongo que siempre queda la opción del recurso o la de cristianizar los juzgados, o al menos alguno de ellos, en la época de las Indias, se cristianizaba en condiciones y por eso habría que recomendar entrar en el juzgado de guardia en busca de pecadores como los misioneros de Guatemala, con la cruz de Jesucristo al hombro y la botella de ron para olvidarlo.




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