La radio en Internet: rompiendo las barreras del tiempo y del espacio

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La radio por Internet, cuando se realiza pensando que será radio “en” Internet, se diferencia en gran medida de la radio convencional por ondas. No se trata sólo de un cambio de medio, sino que el nuevo medio condiciona tanto lo que ofrecemos al oyente, lo que podemos llegar a ofrecerle, que tenemos que plantearnos qué hacemos y cómo lo hacemos.

¿Qué es la radio por Internet?

Si intentamos responder a esta pregunta, lo primero que nos viene a la cabeza es que se trata de una radio donde se hacen programas, pero por Internet. Pero eso no nos aclararía demasiado el concepto ni, sobre todo, las particularidades de la radio en Internet. Dicho claramente: la radio por Internet no es (o, al menos, no sólo es) radio emitida por Internet, ni radio accesible por Internet.

Nos explicamos: la radio convencional se basa en la transmisión de contenidos auditivos mediante ondas hercianas. Cada canal de radio tiene una frecuencia de emisión propia y un alcance determinado. Habitualmente la emisión se divide en programas, aunque según la emisora puede dividirse de otras formas: en géneros musicales, tipos de noticias, etc. Predominan dos tipos de emisoras: las de carácter generalista, que incluyen programas diversos de géneros variados, como informativos, debates, magacines, musicales, concursos, humorísticos, reportajes, ficción, etc. con temática también variada, y las de carácter especializado, que sólo emiten un tipo temático de programas veinticuatro horas al día: emisoras musicales y emisoras informativas, prácticamente. Pero incluso en el caso de las radios especializadas (radios temáticas) se trata de llegar al público más general posible: es difícil encontrar una radio especializada en música country o en información “rosa”. Y eso es así porque tienen marcados unos límites estrictos de alcance y, por lo tanto, tienen que procurar interesar al máximo posible de oyentes.

¿Qué tenemos en Internet? Para empezar podemos tener una emisora convencional que decide emitir en directo (streaming) en la Red, codificando la señal que sale por antena. En la página web de la radio se dará la posibilidad de que los internautas puedan escuchar la emisión con algún programa reproductor (generalmente, Real Player o Windows Media Player) desde el lugar del mundo en el que se encuentren, sin importar más que su conexión a Internet.

¿Es esto radio por Internet? En parte, sí. Encontramos ahí algunos de los elementos que son propios del medio electrónico y que ya diferencian esta radio de la radio convencional. El primero es el elemento geográfico: ya no dependemos de que nuestro receptor de radio esté en un área próxima a la emisora. No necesitamos estar dentro del radio de emisiones para captar la frecuencia de esta radio porque, desde Internet, no captamos frecuencias de radio: lo que hacemos es visitar un sitio web y abrir un archivo que allí se nos ofrece, del mismo modo que visitaríamos la página de un gobierno y nos descargaríamos un formulario. Es decir: el alcance de cualquier radio en Internet es global. Seria incluso interplanetario si los satélites de comunicaciones estuvieran orientados en la dirección correcta. Hoy en día la única frontera es la del idioma.

En Internet sólo necesitamos tener una línea telefónica que nos permita entrar en la Red. Cualquier módem que nos permita acceder a ella convierte de facto un ordenador en un receptor de las radios que se encuentren en Internet, suponiendo que tenemos una tarjeta de sonido y altavoces para reproducir audio. Ello nos lleva a la segunda diferencia con la radio convencional: el aparato de recepción.

El aparato de recepción puede ser un transistor de cocina, un radiodespertador o un radiocasete de coche, pero una radio no deja de ser una radio, y sólo con radios podemos recibir emisoras de radio convencional. La radio por Internet, en tanto que está en la Red, es accesible desde cualquier medio de acceso digital: ordenadores personales, sí, pero también asistentes digitales personales (PDA), teléfonos móviles de nueva generación, televisores por cable y por satélite, etc. Cualquier instrumento conectado a Internet es susceptible de reproducir una radio que vuelque sus emisiones en la Red. Necesitaremos tener tarjeta de sonido, altavoces, etc., pero a un aparato receptor de radio convencional también le hacen falta altavoces, también necesita la antena. Por lo tanto, hay mucha más versatilidad de acceso en la radio por Internet, y más posibilidades de aumentar esta versatilidad: el acceso a Internet puede estar, quizás no hoy mismo pero sí en un futuro, en nuestra ropa, en nuestra moto o en nuestro casco, en un retrovisor, en un papel electrónico, en una agenda, en una pantalla de cine, en una tarjeta de crédito, en una calculadora, etc.

Estas radios en Internet (radios convencionales llevadas a la Red que simplemente transportan su emisión continua a un nuevo soporte) no pueden ser consideradas completamente “radios de Internet” porque desperdician recursos. Imaginemos que tenemos una paleta de colores con 4.000 tonos diferentes y que nosotros pintamos un cuadro utilizando sólo el blanco del lienzo y el negro número 1 de nuestra paleta. Consideraciones ópticas aparte, hemos utilizado un color, el negro, pero no podemos afirmar que la pintura que hacemos esté en color. Incluso si utilizamos una gama de 10, 15, 200 grises, seguimos sin tener una pintura en color. Igualmente, un televisor conectado por satélite que solamente nos ofrezca un canal o una página web de Internet que sólo ofrezca texto desperdician lo que tienen a su disposición.

Una radio “en Internet”, “por Internet” y “para Internet” es mucho más que unas emisiones de radio accesibles desde Internet. El medio es diferente y, por lo tanto, hay que pensar en formatos y contenidos específicos para este formato. Es preciso aprovechar lo que nos da: no podemos hacer “la radio en colores”. Cuando se empezaron a realizar informativos en la radio se adoptó el modelo de los diarios, y por ello se llamaba “diario hablado”, porque eran realmente diarios leídos, hablados. Pasó el tiempo y se encontraron las reglas propias del juego radiofónico. De forma parecida, el modelo de “diario televisado” no es el correcto: la televisión tiene sus propios recursos y no es apta para algunos que sí funcionan bien sobre el papel. Son mejores unos “telenoticias” que unos “telediarios”, etimológicamente hablando.

La radio hecha pensando en Internet da más posibilidades y rompe todavía más barreras. La del tiempo, por ejemplo. Tradicionalmente la radio y la televisión han sido medios de presente continuo: los productos que ofrecen están hechos para ser recibidos a medida que se emiten. Yo no puedo escuchar la entrevista que se emitió ayer, y ni siquiera puedo mirar en una televisión por multidifusión lo que ha pasado en el minuto 5 de una entrevista cuando yo me conecto en el minuto 40. Pero en Internet, sí. Recordemos que, cuando escuchamos una radio tradicional que pasa a Internet, lo que hacemos es conectar con un archivo de actualización continua (streaming) que nosotros descodificamos gracias a nuestro programa de reproducción. Una radio hecha pensando en Internet puede ofrecer también programación a la carta, que es una de las ventajas primordiales de su potencial: cualquier programa registrado por aquella radio (emitido o no en directo en su momento) puede ser reescuchado por el usuario cuando él quiera. En este caso lo que rompemos es la barrera del tiempo. Antes ya habíamos roto la del espacio. El usuario de una radio por Internet puede escuchar los programas que ofrezca la emisora cuando quiera, desde donde quiera y tantas veces como quiera, sin tener que esperar, ni siquiera, a que se acabe cada bloque-programa que escucha para pasar a otro o a otro punto del mismo. En la radio convencional, si quieres escuchar noticias te esperas a la hora en punto: ahora estamos hablando de cocina. ¿Quieres música jazz? Lo siento, ahora ponemos rock. ¿Quieres escuchar a Elvis Costello? Lo tenemos, pero ahora pasamos a Michael Jackson. En Internet no se trata de una escucha lineal, sino de, por decirlo así, una escucha interactiva, selectiva. El usuario realmente puede decidir.

Estamos hablando continuamente de escuchar, pero la radio en Internet no sólo se escucha. Una radio en Internet es también un sitio web, y tiene todos los recursos de un sitio web a su disposición: también puede ofrecer vídeos, fotografías, texto, animaciones, infografismo… Tanto el audio como el vídeo pueden necesitar descarga en el ordenador (el aparato) del usuario o quizás puedan consultarse directamente desde la Red. Dependerá de lo que sea más adecuado para cada apartado: explicaciones de los programas, información sobre cómo es la radio, programaciones, noticias (con el mejor medio para cada información), relación con los oyentes, etc. Y es pura interactividad: como todos los medios de comunicación que se trasladan a la Red, una radio hecha para Internet puede permitirse el lujo, y puede ofrecer la interesante opción, de recibir constantemente respuesta de sus usuarios mediante correo electrónico, foros y chats. Si lo desea, cada miembro de la emisora puede tener su propia dirección, de modo que en todo momento el usuario puede dirigirse a ella para dar su opinión, ideas, aportaciones, ampliaciones, sugerencias y quejas.

Otra particularidad de Internet es que permite la personalización. Ya no es preciso que emitamos para el gran público; podemos hacerlo, pero no es necesario. Tenemos la capacidad, ahora que el usuario puede venir a buscarnos desde donde quiera que esté, de hacer programas y emisoras realmente especializadas: no ya en música, sino en músicos, si queremos; no sólo en economía, sino en la actividad económica de un sector; no sólo en cultura, sino en el mundo del caracol. Podemos hacer una radio con pocos contenidos o con tantos contenidos que en un momento dado toda la información auditiva que produzca la e-radio sume mucho más de 24 horas —con lo que se dé la paradoja de que una radio emita más de 24 horas de programación al día. Podemos hacer una radio a medida no de grupos de gente, sino de cada persona: no será necesario ni que nos vengan a buscar. Podemos personalizar el contenido de nuestra radio y ofrecer a cada oyente lo que nos ha dicho que le gusta. Y también podemos hacer pagar esta personalización. O no. El límite sólo está en que tengamos un público a quien interese el tema: las barreras económicas incluso son mucho menores, casi inexistentes, comparadas con la radio convencional. Emitir por Internet no requiere tener estudios de grabación, solicitar, obtener y pagar frecuencias, mantener los equipos. Se puede tener un estudio de grabación, si se quiere dar incluso una mejor calidad, pero para grabar por Internet basta con un micrófono, un ordenador con tarjeta de sonido y un programa que registre el audio y lo convierta en el formato que queramos (MP3, Real, WMP, WAV…), una conexión a Internet, una página web y espacio en la Red donde alojarla. El espacio, la página y la conexión pueden encontrarse hoy en día de forma gratuita. Todos los otros recursos pueden obtenerse sin buscar demasiado por cien euros. Las personas que hacen los contenidos, evidentemente, siguen siendo necesarias.

Y por mucho que evolucione la técnica, parece que esto seguirá siendo así: en algún eslabón de la cadena productiva de esta radio por Internet, radio en Internet o como quiera que acabe llamándose —todavía no ha encontrado su nombre exacto— seguirá habiendo un ser humano que seleccione, ordene, comente, relacione, decida, opine o responda.

 

Marcos Muñoz Vera

World Wide Radio (Grupo Estrader Nadal)
mmunoz@estradernadal.com

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